Kerim tomó a Zeynep por los hombros, obligándola a sostenerle la mirada. Sus ojos eran dos pozos de determinación feroz.
—Escúchame bien, Zeynep —dijo con voz firme, casi autoritaria—. Eso no sucederá. Mis abogados pelearán por la custodia exclusiva, usarán hasta el último recurso legal, y Azra será alejada para siempre de nuestro hijo. ¿Me escuchaste? No dejaré que esa mujer destruya nuestra vida.
Zeynep, con el alma aún en carne viva, se apartó con suavidad y se sentó al borde de la cama, rod