La penumbra de la mansión Seller era total, rota solo por los reflejos de las luces de la calle que se colaban por la rendija de las cortinas. Kerim entró en la habitación con el peso del mundo sobre sus hombros. Al ver a Zeynep dormida, una extraña calma lo invadió por un segundo, pero al notar que la cuna de Evan estaba vacía, un escalofrío le recorrió la espalda. Se acercó a ella y, con una suavidad que intentaba no despertarla bruscamente, le tocó el hombro.
—Zeynep... amor —murmuró.
Ella s