La playa de Swami.
Dahiana.
Salí prácticamente corriendo del café; me había dejado intimidar por ese apuesto hombre. Pero eso no era lo que más me causaba curiosidad, sino el hecho de que se tratara del mismo hombre del hotel. Era la tercera vez que lo veía y resultó ser el hijo de los dueños del café.
Llegué a casa a las siete de la noche y los chicos se encontraban sentados en la mesa cenando.
— ¡Oh!, chica, donde has estado —me dijo Maikel, cuando me vio entrar.
— Salí a conocer un poco —les dije sentándome en