Tranquilidad.
Eduardo.
Mi corazón había vuelto a latir con total tranquilidad. Mis rodillas seguían temblando y lo hacían cada vez más con cada paso que daba acercándome al apartamento.
Al llegar, había dos agentes en la sala conversando con el hombre que había visto cerca a Dahiana en la pantalla. Sentí impulso de cogerlo a golpe, pero me contuve y seguí a la habitación.
—Dahiana—dije al verla.
Ella se encontraba sentada en la cama, aún desnuda, con su cuerpo cubierto por una sábana.
Una mujer de policía co