Rescate.
Eduardo no tardó en llegar a la obra, había conducido tan rápido que había saltado, varías señales de tránsito.
Pero eso en ese momento estaba lejos de importarle, en su mente solo tenía una preocupación y era que Dahiana estuviera en peligro.
Su angustia aumentó al verificar que ella no se encontraba en la obra.
—Señor, la señorita Pineda, no ha vuelto desde esta mañana —le informó uno de los encargados de la vigilancia.
—Entiendo—dijo Eduardo.
—Ocurre algo, señor—preguntó el hombre.
—No es na