Rebecca pasó aquella noche en vela, sus pensamientos completamente tumultuados, y el dolor que su cuerpo soportaba era solo una sombra frente a la tormenta emocional que la asolaba. En el silencio sofocante de la habitación, finalmente toma la decisión que había estado rechazando en los últimos días. Con las manos acariciando su vientre, lágrimas corriendo sin control desde sus ojos, sabe que ya no puede posponer lo que debe hacer. Cuando Richard entra en la habitación para examinarla, se sorpr