Después de interminables horas de espera, Rebecca y sus amigas deciden hacer una pausa y se dirigen a la cafetería del hospital para comprar café, en un intento de reconfortar a los amigos y familiares exhaustos. Al regresar, los ojos de Rebecca se fijan en Alex, que permanece encogido en la silla, con la cabeza baja. Con una determinación suave, ella se acerca y se arrodilla ante él, ofreciéndole una taza de café. Sus miradas se encuentran, compartiendo una tristeza profunda.
– Alex, lo siento