Después de aquella noche, Alex rechazó todos los intentos de contacto de sus amigos y solo volvió a encontrarse con ellos el día de la boda. Al unirse a ellos en el área reservada para el novio, atrajo las miradas de los amigos.
– Antes de que empiecen con los mismos discursos de siempre, dejo claro que no quiero escuchar. – Dice Alex, caminando hasta el bar y sirviéndose un trago de whisky, evidenciando su irritación.
– Alex, se respetará tu voluntad, te lo prometo. No volveremos a tocar el te