Las tres mujeres entran a la sala, radiantes y llenas de emoción. Al notar la presencia de Alex, su felicidad se hace evidente.
– ¡Dios mío! – Exclama Susan, abrazándolo. – ¡No puedo creer que estás aquí!
– ¡Qué sorpresa! Alex, has escapado de la muerte. Ayer mismo, te estaba amenazando con matarte porque, como padrino, no respondiste a Leandro. – Comenta Bruna, también abrazándolo.
– Bueno, en mi defensa, respondí, él ignoró mi respuesta y aún me reemplazó por otro, así que la deuda es toda su