La inauguración del ala nueva del Museo de Historia Contemporánea de Berlín era un evento menor de la agenda presidencial. Lo suficientemente importante para requerir mi presencia, pero no tanto para solicitar la importante asistencia del presidente, solo de su esposa, mientras él atendía una reunión en el parlamento.
Hans, el otro amigo de Maximilian y hombre de confianza, me lo comunicó esa mañana.
—Es una aparición breve, señora —me dijo, revisando que estuviésemos a buena hora para salir—