—Perdóname Doménico, mi maldito apellido daño tu vida de una manera que no deberías perdonar nunca, no merezco tu amor o el de Fernando, tenemos la sangre maldita, mis padres, Elena, mi apellido está maldito debería estar lejos de tu vida para no seguir haciéndote daño. —Con los ojos llenos de lágrimas y ese nudo en la garganta que le provocada saber que por su sangre corría la misma sangre maldita que aquel ser salido del infierno.
—Nada de alejarte de mi lado, junto con mis hijos eres lo mejo