Ni Doménico o Rosse podían creer lo que estaba pasado, especialmente él, Dalia montes aquella mujer que había ingreso a su vida solo para traerle desgracias y enigmas sin resolver, aquella mujer que quiso creer a todo el mundo que su única intención era estar cerca de su sobrino adorado, aquella que con la carita de mujer sufrida, de hermana abnegada se había ido a la basura, ya la máscara haba caído, se mostró tal cual, desesperada, gritando mil y un improperios contra el mundo, Dalila ya no