El desierto se extendía ante ellos como un mar infinito de arena y sol, su vastedad solo interrumpida por el suave ondular de las dunas que se perdían en el horizonte. El cielo, un lienzo azul despejado, era implacable en su abandono, permitiendo que el sol golpeara con una fuerza bruta y despiadada sobre la caravana en movimiento. Las sombras de los vehículos se deslizaban sobre la arena, fugaces y fugitivas, como si intentaran escapar de la realidad misma.
En el interior de uno de los vehícul