En la sede de los Guardianes del Eterno, el ambiente era una mezcla de seriedad y asombro, como si cada objeto y cada persona presente allí tuviera una historia que contar. En una esquina apartada, Amira esperaba con impaciencia, su figura tensa y preocupada destacando entre el bullicio de conversaciones y preparativos.
—Doctor —llamó Amira al Dr. Sánchez, con una voz en la que se mezclaban la ansiedad y la determinación. Su mentor, un hombre de aspecto afable y sabiduría profunda, se giró haci