El Dr. Sánchez y Ana María, dos figuras marcadas por la historia, se encuentran en un cruce de caminos, iluminados por la luz tenue del amanecer en el desierto. El viento suave y arenoso acaricia sus rostros, como un susurro del pasado que trae consigo recuerdos y secretos largamente guardados.
—No sabía que volvería a verte, Ana María —comenzó el Dr. Sánchez, su voz un reflejo de sorpresa y nostalgia. Sus ojos, normalmente serenos, ahora revelaban una turbulencia de emociones.
—Ni yo a ti, Emi