Capítulo 85: Un pacto entre nosotros.
Cuando las mujeres se fueron, el silencio se extendió entre los tres hombres como un desafío tácito, cargado con el peso de las palabras no dichas.
Las sombras se proyectaron en la sala como un resplandor ámbar sobre sus rostros inquietos. Iker, con los hombros anchos y el ceño fruncido, fue el primero en romper la tensión.
—Eres el primo de Tanya, ¿Estabas visitándola? —preguntó, con voz grave de sospecha.
El joven negó con la cabeza, moviendo las comisuras de los labios como si reprimiera un