Capítulo 45: La huida desesperada.
El rostro de la mujer era un poema de furia y sorpresa. Y por su expresión, Alexander sabía que estaba dispuesta a todo, sin embargo, se mantuvo con la mirada fija en ella.
Alexander tragó saliva, buscando las palabras adecuadas. No podía permitirse un error; no cuando tenía tanto en juego, la vida de su hijo, porque ahora las piezas habían comenzado a encajar en su cabeza.
Así que trató de mediar con ella, que ella no se sintiera amenazada, porque con esto estaba claro que era capaz de todo.