Miranda se encierra en su oficina, con el corazón acelerado.
—No podrá escapar, la policía ya viene en camino. — Dice el hombre tras la puerta, sabe que le cae mal a todos sus guardaespaldas, porque ha sido especialmente gruñona con ellos.
—Dios mío sálvame. — Suplica temblorosa y ve hacia la ventana, hay una salida de emergencia en el otro balcón, ¡pero está en el piso veinte del edificio!
—Ella sale solo con su cartera, temblando como una hoja, por un momento se le resbala un pie, por el vért