Con un nudo en la garganta Miranda camina de nuevo por el pasillo oscuro de luces parpadeantes, es el día de la apelación el guardia Smith camina a su lado de forma protectora, cumpliendo la promesa que le hizo a la doctora
En este tiempo ha podido conocer a Miranda y descubrir la bondad que ella se empeña en ocultar para que las demás reclusas no descubran su debilidad.
—Espero no verte nunca más en la vida, Ferrer. — Susurra el guardia, cuando abre la puerta que la lleva dentro de la sala del