Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, piensa Miranda, mientras camina por los pasillos fétidos y oscuros de la cárcel esposada detrás del guardia de seguridad.
—Eres realmente una mujer peligrosa, no entiendo como el director ordeno que tuvieses esta clase de privilegios.—Susurra el guardia, tan cerca que a Miranda se le ponen los pelos de punta.
—Puedes preguntarle a él, Smith, el puede aclarar todas tus dudas.— Le responde Miranda sin inmutarse.
—No eres tan especial.— Responde viéndol