Danixa observó con coraje la espalda de Alejandro. Los días sin su presencia le habían servido para pensar con más tranquilidad, pero de nada sirve si no podían hablar más de dos palabras sin subir el tono de su voz.
Frustrada y molesta por todo grito atrayendo la atención de la gente y con ello también la atención de sus carceleros como les decía, no podía hacer nada sin que ellos no estén presentes.
No quería pelear con la indiferencia de Alejandro tenía suficiente por lo que subió al coche s