Leonardo pasó un rato agradable con Michaell, sin embargo, era hora de volver a casa, deseaba llegar a la tranquilidad que le ofrecían los brazos de Eloise, deseaba invitarla a cenar fuera y pasa r junto a ella y sus hijos un rato agradable, pero todos esos planes se vinieron abajo, en cuanto cruzó el umbral de la puerta principal de la mansión... No pudo evitar la sorpresa en cuanto vio a su pequeña hermana, caminar hacia él con una sonrisa.
—¡Leonardo!— gimió, caminando hasta donde estaba él