Sin decir nada más, Leonardo suspiró largamente dejándola hacer, con la mirada fija en ella y la respiración agitada con cada movimiento, la observó detenidamente... Cuándo al fin, sus manos le rodearon, Leo no pudo evitar el gruñido placentero que reborboteo en su ganganta, ella, con las manos ocupadas y los ojos fijos en él, se dedicó a acariciarlo con suaves movimientos, deleitándose en sus expresiones de placer, era maravilloso verlo, ver ese brillo en sus ojos, la suave manera en la que su