Tyoma vio cómo se marchaba la pelirroja, en ningún momento miró atrás y eso hizo que experimentara un dolor crudo y caliente en el pecho.
El ruso se enfrentó a Daivik, controlando a duras penas las ganas de desgarrar su garganta, encontró la expresión sombría y conflictuada del indio. Reconoció esa mirada de inmediato, los ojos llenos de anhelo y confusión.
Soltó una risa sarcástica que sacó a Daivik de su estado, que frunció el ceño al percatarse de que Novikov continuaba allí. En cambio, el r