Nohemi sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal que hizo que los pelos de su nuca se erizaran.
Aquello, más que una declaración, era una amenaza.
Entrecerró los ojos, la ira comenzaba a bullir dentro de ella.
―¿Necesita algo, señor Novikov? ―preguntó Daria. Cuando él se giró a enfrentarla, la joven y atractiva mujer de cabellos cortos pasó por su lado con velocidad, interponiéndose entre él y la pelirroja.
―Parece que interferir es el talento de la familia Karras ―se mofó él, soltado una