―¡Zeke! ―llamó Darika con indignación.
Ella salió corriendo detrás de él después de que el impacto inicial de su declaración pasó. Las cosas no podían terminar de ese modo.
«Si hablo con él, si logro que me escuche, entonces él se dará cuenta…» pensó con desesperación.
En el fondo la morena sabía que solo se estaba engañando, sin embargo, no podía aceptar ese resultado.
―¡Por favor, Zeke! ―rogó de nuevo, consiguiendo que se detuviera finalmente.
El hombre de cabellos castaños y ojos gélidos com