—Deberíamos ir a una clínica para que una doctora te vea.
—¿Doctora? —preguntó ella.
—Princesa, para que te cuides— Aunque la tenía sobre su pecho, podía sentir como las mejillas se le calentaban, la ternura que emanaba de ella, era demasiado para su cuerpo, nunca le había pasado que reaccionara ante actos tan simples, mucho menos con una mujer como ella “¿Por qué me siento así, que me pasa?” Se repetía él una y otra vez.
—Alana, ya me lo había dicho, príncipe, ¿no quieres tener hijos conmigo?