Me detengo en seco, mis sentidos en alerta, mientras la red se alza frente a nosotros. Es una trampa, una emboscada. Me doy cuenta de que hemos sido engañados, que alguien nos ha estado esperando.
—¡Es una emboscada! —grito, deteniendo a mis hombres—. ¡Cuidado!
Ryker, Orion y Kaid se vuelven hacia mí, sus ojos escaneando el entorno, buscando el peligro. Pero es demasiado tarde. Los lobos de Morax salen de la nada, sus dientes afilados y sus ojos brillantes de rabia.
Me preparo para la pelea, mi