—Ocaso—su nombre sale en un susurro.
—Buenas noches Alfa.
Estoy parado en la mitad de la sala, sumergido en el silencio y la oscuridad. La única luz proviene de una lámpara detrás de la cortina que separa la habitación, y que proyecta la silueta de Ocaso en la tela.
Mi mirada se fija en la cortina, como si pudiera traspasarla y alcanzar a Ocaso. La silueta de ella se vuelve más definida, y puedo distinguir la curva de sus hombros, la línea de su cintura y la forma de sus piernas.
Mi cuerpo reacc