Abro los ojos sorprendiéndome al verlo como Eros, el Dios del olimpo. La atracción es inevitable, me sobrepasa y de rodillas entre mis piernas se quita la camisa. Mi pie se alza palpando su abdomen de acero. «Que barbaro» sus cuadros son duros como roca maldita sea. Me divierto acariciando con mis pies las líneas definidas de su abdomen mientras sus expresiones son una mezcla de seriedad y placer. Venco Sigue siento todo un misterio para mí, pero al parecer eso es lo que más me gusta de él, me