Estoy acostada en la cama junto a Venco, disfrutando del silencio y la tranquilidad que ha seguido a la tormenta. La lluvia ha cesado, y el aire fresco que entra por la ventana es un bálsamo para mi cuerpo cansado. Puedo sentir la humedad que ha dejado la lluvia en el aire, y el piso parece fresco y limpio.
—¿Cómo te fue con las manadas? —le pregunto, mi voz suave y curiosa. Venco se vuelve hacia mí, su mirada relajada y su sonrisa suave.
—Tuve que hacer algunos ajustes —responde, su voz baja y