Entro en la habitación de la madre de Venco, y el silencio es palpable. La mujer está sentada en una silla, con un crochet en la mano, trabajando en un proyecto de costura. No me mira, no me saluda, simplemente me ignora. Me siento incómoda por un momento, pero decido no dejar que el silencio me intimide. Me acerco a la silla que está frente a ella y me siento, respirando profundamente antes de hablar.
La madre de Venco sigue trabajando en su crochet, sin levantar la mirada hacia mí. El silenci