Me acerco a la manada con Venco a mi lado, y de inmediato siento la mirada de todos sobre nosotros. Me siento abrumada, como si el peso de la desaprobación colectiva estuviera sobre mis hombros. Me siento cohibida, incómoda por lo que hice, y las miradas recriminatorias que me juzgan no ayudan a mejorar mi estado de ánimo. Entiendo que tienen razón en juzgarme, pero no puedo evitar sentirme herida por la forma en que me miran. Es como si ya no fuera parte de la manada, como si hubiera perdido m