Los besos en mi cuello me cierran los ojos y disfruto de las manos que están recorriendo mis caderas, mientras pierdo los ojos por el paisaje. Estamos parados en la ventana de mi habitacion y vino a darme los buenos días.
— ¿En qué piensas, Ocaso? —pregunta, besándome el cuello y quiero detenerlo, mi subconsciente asi me lo pide.
Sin mi mente se llena de imágenes de Venco, de su sonrisa, de sus ojos, de su piel cálida. Me siento atraída hacia él, como si fuera imposible resistir su presencia. P