"¡Yo no estoy armando el escándalo, tú sí! ¡Ahora, suéltame!" Con un tirón furioso, logró zafarse de su agarre. Cuando él intentó sujetarla de nuevo, ella lo empujó con los puños cerrados con la fuerza suficiente para hacerlo retroceder un paso, dándole el espacio necesario para escabullirse y escapar.
Temblando por dentro, se apresuró a salir a la terraza de la piscina. Temerosa de que la estuviera siguiendo, pero decidida a no mirar atrás, se dirigió al primer grupo de personas que vio junto