¡Maldita sea! La maldición silenciosa le quemaba la cabeza, protestando por haber permitido que aquello entre ellos llegara tan lejos. Dos malditas semanas después de aquella noche, ella seguía allí, volviéndolo loco.
Una maldición se le atascó en la garganta. Puede que a Vivian Sánchez no le gustara, pero lo deseaba con una intensidad que era demasiado torpe para ocultar, aunque él estaba seguro de que ella no se daba cuenta de lo transparente que era.
Le hacía pensar en una granada sexual viv