AURORA
El sabor a whisky, a bosque y a una posesión salvaje me llena la boca en cuanto sus labios se estrellan contra los míos. El beso no es sutil; es una respuesta violenta a la confesión de mi confianza. Sebasten me sujeta la nuca con sus dedos gruesos, enterrándolos en mi cabello con una fuerza que me obliga a inclinar la cabeza hacia atrás, entregándome por completo. Mis manos, que antes temblaban de terror, se clavan en la piel desnuda de sus hombros anchos. Siento el calor abrasador de s