Davian Taleyah
El aroma del café negro se mezclaba con el papel viejo y la madera pulida en mi oficina. El reloj marcaba poco después del mediodía. Llevaba horas encerrado, atendiendo llamadas, revisando reportes de seguridad de la frontera oeste y confirmando alianzas con algunos aquelarres de vampiros. Nada fuera de lo común, hasta que escuché el eco de unos tacones apresurados golpear el mármol del pasillo.
La puerta se abrió de golpe.
Auren.
—¿Qué demonios hiciste? —espetó, sin siquiera det