La muchacha agacho la cabeza y mirando al suelo como si temiera algo desapareció del salón quedándonos solos Kevin y yo con nuestra hija.
— Pobre muchacha, no tienes porque hablarle así — le dije
— Alice cariño, soy yo quien le paga y puedo hablarme como a mi me de la gana — me respondio
Después de comer, me senté en uno de los sillones que había afuera en el cenador con mi pequeña, puse los pies en la mesita que allí se encontraba doblando mis rodillas, poniendo a mi hija en mis piernas sentad