94. LA MAÑANA SIGUIENTE
ALAYA:
La sensación de frío y soledad hicieron que me moviera en busca del calor que emitía Reynolds, por poco me caigo de la cama y fue cuando abrí los ojos y vi que no estaba. ¿A dónde había ido tan temprano? Miré el reloj en la pared, apenas eran las seis de la mañana. Las cortinas dejaban entrever la claridad del incipiente amanecer. Un estremecimiento me recorrió al recordar la conversación de la noche anterior. Al fin habíamos abierto el corazón.
Hoy era un día que intentaría disfrutar mu