27. EL ENCUENTRO CON ALFREDO
REYNOLDS:
No dije nada, mantuve un silencio incómodo. Yo era un alfa, y mi instinto me indicaba que debía hacer lo que todo lobo haría en esa situación. Quería reclamarla, confesarle que estaba embarazada de mi cachorro, pero el miedo y la incertidumbre que veía en su mirada me hicieron callar. Alaya se apoyó contra la pared, intentando evitar la intensa mirada que le dirigía. Parecía tan vulnerable, y cada vez que se encogía sobre sí misma...
—Necesitamos aclarar algunos puntos sobre el proyec