124. NUEVA DECISIÓN
REYNOLDS:
El sol comenzaba a descender cuando admití la derrota temporal. Llevábamos cinco malditas horas intentando ayudar a Alaya, y ella seguía atrapada en esa forma incompleta: cuerpo humano, orejas, cola y garras de lobo. Quería mantenerme optimista, pero ese no era mi fuerte.
Arix, con semblante serio, me hizo una señal para conversar. Alaya se sentó junto a su padre que le daba ánimos mientras le secaba el sudor, y a Cristín al otro lado de la valla energética. Podía ver que estaba agota