123. EL RASTRO DE MARA
SIMÓN:
Dejé al Alfa con Alaya, que seguía con cuerpo humano, orejas, cola y garras de lobo. Pero el aviso que me trajeron los rastreadores necesitaba de mi atención. La manada en pleno estaba atenta de nuestra Luna, pero la seguridad de la manada era prioritaria.
—¿Qué encontraron? —pregunté en cuanto llegué al punto de reunión en el lindero este del territorio.
—Rastros que creemos son de Mara —respondió Leonel, el jefe de los rastreadores—. No estamos seguros de qué hacer.
Me acerqué al lug