El silencio en la habitación fue tan intenso que parecía que cada palabra había absorbido todo el oxígeno. Las piezas en mi mente comenzaron a encajar, y el vértigo de la revelación me golpeó como un puño cerrado.
—No puede ser ella… —mi voz salió baja, casi inaudible. Es que no había forma de que ella…
—¿No puede? —espetó Hanna con veneno en su tono frío y duro, dando un paso hacia mí—. ¿Quieres que te lo repita, James? Esa zorra que tienes como amante es la cuarta guardiana, y además, está al