ADAM
Finalmente, llegó la hora de hacerlos pagar. Ahora mismo me encuentro con una sierra en mi mano, y los ojos bien abiertos de Hoyt, al no saber qué parte de su cuerpo es la que perderá primero.
—Dime, Hoyt, qué parte de tu cuerpo quieres perder primero, porque puede que no la uses, pero la vas a extrañar, eso sí que te lo aseguro, dime —camine lentamente hacia él—. ¿Quieres que empiece con un dedo del pie o un dedo de la mano?
—No, por favor, no lo hagas, te diré todo lo que sé —miré a Kell