KELLEN
Pero como siempre, el pendejo de Adams tenía que cagarla abriendo su maldita boca. En verdad quería callarlo de un golpe, pero esa pelea, le pertenece a Tatyana; por ahora, ya nos tocará terminar lo que ella empiece.
—Yo no te causé ningún daño, tú accediste a hacer todo… —volvió a abofetearlo.
—¡No lo hiciste! —habló entre dientes—. Tú eres el causante de todas mis malditas desgracias, eres el causante de mis pesadillas, de mis peores días, de todo, absolutamente de todo, y te juro que