MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 28. Promesas
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 28. Promesas
Seija despertó envuelta en un olor familiar y reconfortante: café recién hecho. Abrió los ojos con pereza, todavía medio atrapada entre el sueño y la vigilia, y lo primero que vio fue a Camilo paseándose por el cuarto solo en un pantalón de algodón, despeinado, relajado, con esa naturalidad doméstica que hacía unos meses le habría parecido impensable.
Durante unos segundos se quedó observándolo sin parpadear, intentando fijar esa imagen en la memoria como