MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 25. Una dura verdad familiar
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 25. Una dura verdad familiar
La explosión fue inmediata.
La señora Marshant alzó la voz apenas terminó de asimilar lo que acababa de escuchar, como si la frase hubiera activado un resorte interno que llevaba años tenso. Su rostro se descompuso, las venas del cuello se le marcaron ligeramente y las manos, perfectamente cuidadas, se cerraron en puños que delataban una rabia más profunda que un simple desacuerdo.
—¡Eso no lo voy a aceptar! —gritó, dando un paso al frente