CAPÍTULO 8: Millones desaparecidos
Henry repasaba una y otra vez con su abogado las estrategias para blindar su patrimonio. La idea era clara: Rebecca no debía llevarse ni una piedra de su compañía. Sin embargo, lo que sonaba tan simple en su cabeza empezaba a enredarse en la práctica. El olor a café frío se mezclaba con el de los papeles recién impresos sobre la mesa, y el silencio de la oficina era apenas interrumpido por el ruido lejano del tráfico.
—¡Es que no hay nada aquí que sea benefici