El cielo sobre el Castillo Obsidiana ya no tenía color.
El haz de luz púrpura que antes se proyectaba al cielo se había transformado en una densa nube negra que giraba como un torbellino, iluminada de vez en cuando por relámpagos plateados que caían sin sonido.
El aire pesaba, lleno de partículas de energía del Vacío que hacían erizar cada pelo del cuerpo de los licántropos.
Dentro de la habitación de la Luna, el ambiente cambió de médico a místico y aterrador.
¡AAAAARGGGHHH! ¡ALARIC!
El grit